No. La emisión de créditos depende del estándar elegido, de la metodología aplicable, de la validación, de la verificación externa y de las características concretas del proyecto.
Nuestro trabajo es diseñar, medir, monitorizar y documentar el proyecto para que pueda ser evaluado con rigor por certificadoras y verificadores independientes.
Nota importante: Desconfía de cualquier proveedor que garantice créditos o ingresos. Lo que sí podemos asegurar es que el proyecto estará correctamente documentado y preparado para afrontar el proceso de auditoría externa con la mayor solidez posible.
La transparencia como principio
DATOS TRAZABLES,
NO PROMESAS
IFM son las siglas de Improved Forest Management, o gestión forestal mejorada en español. Consiste en cambiar o mejorar la gestión de una masa forestal existente para aumentar el carbono almacenado, reducir emisiones, mejorar la resiliencia del ecosistema o disminuir riesgos respecto a un escenario de referencia.
Las prácticas IFM pueden incluir alargar los turnos de corta, reducir aprovechamientos, favorecer masas más diversas, aplicar tratamientos preventivos contra incendios o mejorar zonas degradadas. Lo que las convierte en certificables es que generan una mejora climática adicional, medible y verificable frente a lo que habría ocurrido sin el proyecto.
MRV son las siglas de Medición, Reporte y Verificación. Es el conjunto de procesos, datos y evidencias que permite demostrar que un proyecto forestal ha generado una mejora climática real y cuantificable.
En un proyecto de carbono no basta con afirmar que el bosque captura CO₂. Es necesario medir cuánto carbono existe, cómo evoluciona, qué actuaciones se han realizado y cómo se controla el riesgo de pérdida futura. Ese sistema de pruebas es el MRV.
Normalmente no. El carbono almacenado en un bosque se estima principalmente mediante inventario forestal, ecuaciones alométricas de biomasa, modelos de crecimiento y análisis de teledetección. Son métodos estandarizados y reconocidos por las metodologías de certificación.
Lo que los sensores IoT aportan al proyecto es una capa continua de datos ambientales que complementa el inventario: condiciones de microclima, humedad del suelo, riesgo de incendio, estrés hídrico y alertas tempranas. Estos datos refuerzan el seguimiento de la permanencia del carbono y generan evidencias auditables durante todo el ciclo de vida del proyecto.
No existe un mínimo universal. Depende del tipo de masa forestal, la metodología de certificación elegida, los costes asociados al proceso y el potencial de carbono de la superficie.
Como orientación práctica, superficies grandes o agrupaciones de propietarios tienden a tener mayor viabilidad económica porque permiten distribuir los costes fijos del inventario, la sensorización y el proceso de verificación entre un mayor potencial de generación de créditos. Lo recomendable es comenzar con un diagnóstico técnico de viabilidad para evaluar cada caso concreto.
Sí. Puede plantearse un proyecto agrupado que incluya varias fincas o propietarios si las superficies cumplen criterios compatibles de elegibilidad y es posible gestionar la trazabilidad individualizada de cada parcela dentro del sistema MRV.
Esta modalidad es especialmente habitual en comunidades de montes, mancomunidades forestales y agrupaciones de propietarios privados que quieren alcanzar la escala mínima para que el proyecto sea económicamente viable.
Para un primer diagnóstico de viabilidad los datos básicos que necesitamos son:
Sobre la superficie: límites georreferenciados o aproximados de la finca, titularidad o régimen de propiedad, superficie total y especies forestales presentes.
Sobre la gestión: historial de actuaciones realizadas, aprovechamientos previstos en los próximos años y planes forestales o dasocráticos existentes.
Sobre datos previos: cualquier inventario forestal disponible, aunque sea parcial o de años anteriores, puede ser de utilidad para acelerar la fase de línea base.
El proyecto integra tecnologías de campo, comunicaciones inalámbricas, observación remota y plataformas digitales en una misma cadena de datos:
Campo e inventario: equipos de medición dasométrica, GPS diferencial y protocolos de muestreo estadístico.
Sensorización IoT: sensores de microclima, humedad de suelo y combustible, dendrómetros y estaciones meteorológicas con conectividad LoRaWAN, NB-IoT o LTE-M.
Teledetección: imágenes satelitales multiespectrales, vuelos con dron y análisis GIS para seguimiento de cambios de cobertura y vigor vegetal.
Plataforma digital: sistema MRV centralizado con base de datos estructurada, cálculos de biomasa y CO₂, mapas interactivos y exportación de informes para auditores.
Los plazos varían en función de múltiples factores: la superficie del proyecto, la disponibilidad de datos previos, el estándar elegido, el inventario que sea necesario realizar desde cero y el propio proceso de validación y verificación por parte de la entidad externa.
Con carácter orientativo, la fase técnica de diagnóstico, línea base, inventario y diseño IFM puede tomar varios meses. El proceso de validación y primera verificación por un organismo acreditado puede extenderse entre varios meses y más de un año dependiendo del estándar y la complejidad del proyecto.
Lo más recomendable es comenzar con un diagnóstico técnico de viabilidad para tener una estimación realista de plazos, costes y potencial específico de la superficie en cuestión.
